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«Me encuentro mal. Hoy es de esos días que me duele todo. Demasiado dolor, demasiado sufrimiento, hacen que el cuerpo se resienta. Creo que ha llegado el momento de tomarme algo.

Voy a ver el prospecto antes:  

INDICACIONES: Indicada contra el “automaltrato”.  Los pensamientos y sentimientos desagradables influyen en el estado general del cuerpo, provocando incomodidades y molestias físicas, que de persistir pueden derivar en enfermedad.

POSOLOGÍA: Puede tomarse en cualquier momento del día y tantas veces como sea necesaria cuando se produzcan pensamientos de culpa o pensamientos que nos hacen sentirnos víctimas de las circunstancias o de otras personas.

La verdad es que mis pensamientos a veces me tratan muy mal.  Y al tomarme la píldora me doy cuenta de que hay muchas cosas que hago bien. Es más, ¡en la mayoría de las situaciones doy lo mejor de mi mism@!

Al cabo del día hago cantidad de tareas en casa (lavar la ropa, cocinar, ducharme, arreglar un enchufe, …). Y no te quiero contar en el trabajo (escribir un correo, diseñar, preparar una reunión, coordinar un equipo, atender a un cliente, …).

La píldora de hoy me propone reflexionar sobre las tareas que hago cada día ¿Me dan energía, me alimentan?¿O por el contrario me frustran, me disminuyen la sensación de estar viv@?

Si me pongo a pensar, las tareas que hago cada día afectan a cómo me siento.  Esto significa que en cierta medida puedo cambiar lo que siento, cambiando lo que hago.

Por ejemplo, igual veo demasiado la tele, o me entretengo en exceso con los juegos.  Y ver la tele y jugar está bien, pero sería interesante vigilar qué alimento le estoy dando a mi mente cuando hago una de estas actividades. Si estoy estresad@ o triste, quizá ver las noticias o jugar a un juego violento no me ayuda especialmente.

¿Qué me puede ayudar entonces?   Dice el prospecto de la píldora que busque actividades que me den bienestar (darme un baño, dar un paseo, tomar una cerveza con un amigo). O también esas cosas que, sin ser especialmente agradables, me causen satisfacción (arreglar el jardín, escribir una carta, ordenar un cajón). 

Y, sobre todo, que me acuerde de respirar. Respirar, lento, profundo,… muy consciente de lo que estoy haciendo.  Conectando con lo mejor que tengo: mi vida.

Y mientras estoy aquí respirando, reflexiono sobre el mensaje de la Madre Teresa de Calcuta cuando recibió el Nobel de la Paz:

No siempre podemos hacer grandes cosas, pero sí podemos hacer cosas pequeñas con gran amor.

No es la altura, ni el peso, ni la belleza, ni el título y mucho menos el dinero lo que hace grande a una persona. Es su honestidad, su humildad, su decencia, su amabilidad y respeto por los sentimientos e intereses de los demás
”. 

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