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El Tourette de Mozart (o no) – (Entrevista a la neuróloga Natalia García Casares)
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Seguro que te has visto alguna vez ese vídeo donde un hombre va en el metro y comienza a reírse de algo que está leyendo o viendo en su teléfono. A los pocos instantes todo el vagón está partido de la risa. 
¿Cómo sucede? Nuestro maravilloso cerebro tiene unas células conocidas como neuronas espejo que hacen que seamos capaces de aprender por imitación, actuar por imitación y sentir por imitación.
Es probable que a tu Tourette muchas personas le imiten cuando le ven hacer sus tics. Normal, son las neuronas espejo. Por eso, sabiendo esto, quizá le quitemos un poco de hierro a estas situaciones. No se trata de consentir la burla. Tenemos capacidad para discernir cuándo alguien se pasa de la raya y cuándo es algo sin intención.
El descubrimiento de estas neuronas ha revolucionado la ciencia en diferentes facetas, pero hoy nos vamos a centrar en el día a día de nuestras vidas.
La ventaja y desventaja de estas celulitas es que son las que nos hacen sentir e interpretar lo que sienten los demás.
Así, cuando sonríes a un bebé, sus neuronas espejo crean una representación de esa sonrisa en su mente, enviando señales al sistema límbico (emocional) que le permiten finalmente sentir lo mismo que tú y además, aprender el significado de esa sonrisa.
Esto es maravilloso porque nos da la oportunidad de sentir y aprender empatía y compasión y, en consecuencia, hacernos lo que ya somos y a veces olvidamos: seres humanos.
Lo que nos es tan bueno es que si no estamos atentos, también “nos contagiamos” de esas emociones y las asimilamos como nuestras. Ahora que vivimos momentos de incertidumbre, de tristeza, de miedo y de enfado todas nuestras neuronas espejo están recibiendo esta información y nos está afectando a nivel físico, emocional y mental.
Quizá es un buen momento para tomarme la píldora mágica y transformarme en emisor en lugar de en receptor.
El prospecto dice que, para empezar cuide de mi cuerpo: comer de una manera racional y practicar algo de deporte. A continuación, me sugiere que cuide mi mente: tratar de ver menos las noticias en televisión y leer menos el periódico y buscar algo más enriquecedor para alimentarla: una buena lectura, una película agradable o un ratito de meditación. Por último, cuidarme emocionalmente. No hace falta hacer grandes cosas: hablar con los amigos de algo agradable, contagiar alegría y optimismo (incluso si no lo sentimos realmente) y fundamental: sonreír, sonreír, sonreír. Como si mirase al bebé.
Quizá así las neuronas espejo de los que me rodean “cambien el chip” (¡y las mías también!) Sin juzgar a nadie, sin meter los pensamientos, sólo transmitiendo tranquilidad y cariño, comprendiendo, compartiendo, pero también poniendo límites. De esta manera estaré más tranquilo…. y mi Tourette también.
 “Somos criaturas sociales. Nuestra naturaleza depende de entender las acciones, intenciones y emociones de los demás. Las neuronas espejo nos permiten entender la mente de los demás, no sólo a través de un razonamiento conceptual sino mediante la simulación directa. Sintiendo, no pensando” – Giamcomo Rizzolatti, descubridor de las neuronas espejo.

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