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Este mes el prospecto de la píldora nos habla de la compasión.

Según el Diccionario de la RAE compasión es sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien.

Si bien esta definición es lo que todos sabemos sobre la compasión, también es verdad que, en la mayoría de los casos, cuando hablamos de compadecernos nos quedamos en el sentimiento sin más.

Pero la compasión va más allá. Y para acercarnos a ella tenemos que fijarnos en los elementos que la componen.

En primer lugar, para compadecernos de nosotros mismos o de otros, tenemos que darnos cuenta de que existe un sufrimiento. Si no lo percibo, no existe para mi. Darse cuenta implica estar atento. Como esa madre o ese padre que duerme con “la oreja levantada” para estar pendiente de su bebé.

A continuación, hay que sentir la emoción.  Cuando algo te conmueve, parece que te tiembla el corazón. Es una sensación agridulce, sientes mucha empatía, mucho amor, pero en el centro hay una punzada de dolor, que puede ir acompañada de rabia, impotencia o incluso asco.

Otro componente de la compasión es la intención: quizá notes que surge una energía dentro de ti para aliviar ese sufrimiento. En este punto te puede pasar que lo veas, lo sientas, pero no quieras involucrarte.

Y el cuarto y último componente es la acción.  Y muchas veces es complicado.  Unas por querer dirigir, hacer demasiado.  Otras por no saber qué hacer.

Así que, según el prospecto, la compasión es algo más que un sentimiento. Y sirve lo mismo cuando se trata de otra persona como cuando se trata de mi.

¿Y cómo aplicar esto a la convivencia con el Tourette? Primero, dándome cuenta de que existe un sufrimiento, el del que lo padece y el de quien convive con él.  A continuación, dando espacio a ese dolor, observando nuestras reacciones emocionales (¿cómo me siento?) y aceptándolas sin juzgarnos.  Y cuando surja la intención de aliviar el sufrimiento, no luchando contra nuestros sentimientos contradictorios y decidiendo si pasar o no a la acción.

A veces, pasar a la acción es complicado con un Tourette.  No sabes si hacer algo es mejor o peor.  Hay que tomar en cuenta dos variables: poner límites (no consentirlo todo) y no subestimar el poder de la presencia.  Muchas veces, lo único que necesitamos los seres humanos es saber que hay alguien ahí que simplemente está con nosotros.

Y para tratar a mi Tourette también debo tener en cuenta qué NO es compasión.

La compasión no es lástima: mi hijo, mi hija no es un juguete roto que yo tenga que arreglar y menos todavía transmitirle esa idea.

La compasión no es autosacrificio: echarse todo a la espalda y resignarse.

La compasión no es estrés empático: sufro porque no soy capaz de hacer otra cosa y así tranquilizo mi conciencia.

La compasión no es tristeza paralizadora: hay un duelo, pero una vez hecho, se pasa a la acción.

Y todo esto también vale para mí, tanto si soy Tourette como si no.

Me tomo esta píldora hoy para ser más compasivo con los demás.  La siguiente me hablará de la compasión por mi mismo.

“Solo en la medida en que hemos llegado a conocer nuestro dolor personal, solo en la medida en la que nos hemos relacionado con el dolor, somos lo suficientemente intrépidos, lo suficientemente valientes y lo suficientemente guerreros para estar dispuestos a sentir el dolor de los demás”. 

Pema Chodron

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